Llevamos ya seis meses escondidos desde que empezó la Tercera Guerra Mundial en este campo de refugiados en Francia, en un pueblecito en la frontera, y no creo que aguantemos mucho más; los suministros se acaban y la situación en el planeta cada vez va a peor. Cada noche escribo una carta a mi madre, sé que me está cuidando desde el cielo, le explico todos mis sentimientos, creo que es una forma de ahogar todas mis ppenas y quitarlas fuera. Aunque por las noches exploto a llorar a escondidas porque ya no sé qué hacer; no me quedan fuerzas para luchar. Aquí setoy yo, sola, sin nadie y sin nada a que querer. Somos más de cincuenta refugiados, y cada vez viene más gente. Pero aún así, no hay nadie con quién pueda ahogar mis penas, solo me queda mi madre, y aunque le pida a Dios que me conteste se que no lo hará.
Mi hermano está ahí fuera, en la guerra, no tengo noticias de él, no sé si está vivo o muerto, ya no recuerdo su olor; me da miedo olvidar su rostro, aunque sé que es lo menos probable. Solo me pasan por la cabeza recuerdos con él. MI padre ya está muerto, oí noticias hace tiempo, él quería resistir, peo lo mataron.
Aún no puedo entender cómo hemos llegado a esto, ¡Estamos en el siglo XXI! Los problemas no se ppueden resolver con guerras; la humanidad está lo suficiente capacitada para poder resolver los problemas con palabras, en vez de evolucionar vamos retrocediendo. Todas las noches pienso en una vida sin la guerra, en lo que podría hacer o lo que me estoy perdiendo; viajaría por todos los países, estaría viviendo en una gran ciudad como Londres o Nueva York, estaría esudiando medicina o formaría parte de una importante investigación.
Mi pregunta es, ¿de verdad vale la pena la guerra?
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